Autismo

¿Qué es el autismo?

El trastorno del espectro autista (ASD) es una gama de trastornos complejos del  neurodesarrollo, caracterizado por impedimentos sociales, dificultades en la comunicación, y patrones de conducta estereotípicos, restringidos y repetitivos.  El trastorno autista, a veces llamado autismo o ASD clásico, es la forma más grave de ASD, mientras que otras afecciones a lo largo del espectro incluyen una forma más leve conocida como síndrome de Asperger, una afección rara llamada síndrome de Rett, el trastorno de desintegración infantil y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado (generalmente conocido como PDD-NOS).  Aunque ASD varía significativamente en carácter y gravedad, se produce en todos los grupos étnicos y  socioeconómicos y afecta a todos los grupos etarios.  Los expertos calculan que tres de cada seis niños de cada 1,000 sufrirán de ASD.  Los varones tienen cuatro veces más probabilidades de tener ASD que las mujeres.

¿Cuáles son algunos signos comunes del autismo?

La característica distintiva del ASD es la interacción social deficiente.  Los cuidadores principales del niño generalmente son los primeros en notar los signos de ASD.  Ya desde la primera infancia, un bebé con ASD podría mostrarse indiferente a las personas o enfocarse intensamente en un objeto hasta excluir a los otros durante largos períodos de tiempo.  Podría parecer que un niño con ASD se desarrolla normalmente y luego se retrae y se vuelve indiferente a la actividad social.

¿Cómo se diagnostica el autismo?

ASD varía ampliamente en gravedad y síntomas y puede pasar sin ser reconocido, especialmente en los niños levemente afectados o cuando está enmascarado por impedimentos físicos más debilitantes.  Los indicadores muy precoces que requieren  evaluación por un experto incluyen:

  • no balbucear o señalar al año de edad
  • no pronunciar palabras únicas a los 16 meses o frases de dos palabras a los 2 años de edad
  • no responder a su nombre
  • pérdida del lenguaje o las habilidades sociales
  • contacto visual inadecuado
  • alineamiento excesivo de juguetes u objetos
  • no sonreír o mostrar receptividad social.

Los indicadores tardíos incluyen:

  • capacidad limitada para establecer amistades con pares
  • capacidad limitada para iniciar o sostener una conversación con otros
  • ausencia o deterioro del juego imaginativo y social
  • uso estereotípico, repetitivo o inusual del lenguaje
  • patrones de interés restringidos que son anormales en intensidad o enfoque
  • preocupación por ciertos objetos o sujetos
  • adherencia inflexible a rutinas o rituales específicos.

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